
Cuando entré por la puerta de la facultad de Marina Civil en Coruña lo ví. Estaba delante de un proyector de diapositivas doble, de esos que solapan las imágenes, de esos que hacen ruído, el suficiente, como él.
Estaba al lado de Kurt Albert. Sentado en mi butaca recordaba las revistas, los libros, las fotos míticas, la cerveza, la fisura de hielo (la anecdota de la foto), los solos, el himalaya, Frankenjura (con su acento), Gullich... tantas cosas que era capaz de transmitir y que, a día de hoy, creo que nadie será capaz de transmitir de ese modo.
Se ha ido en una ferrata. Se ha ido en su casa. Se ha ido el padre de la escalada moderna. Se ha ido un gran orador. Se ha ido una persona sensata... y ha llegado al cielo de los escaladores para darle un gran abrazo a Wolfgang y quedarse con él, para la eternidad.
Siempre estarás con nosotros.
Hoy es un día triste.
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